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Alerta Stella Caloni sobre “golpes suaves” en Latinoamérica

January 14, 2014

Autora de Los años del Lobo: Operación Cóndor y Evo en la mira. CIA y DEA en Bolivia, y experta en “los objetivos de la guerra mediática como parte de la contrainsurgencia”, según Fidel, analiza la sedición policial y los saqueos de diciembre y no duda en calificar los violentos episodios de “vandalismo golpista”. “Me dicen conspirativa, pero a la larga se demuestra que lo que digo es cierto”, afirma. ¿Qué es un “golpe suave”?  

ROBERTO CABALLERO / TIEMPO ARGENTINO  –   Los sucesos de diciembre último, inaugurados por la sedición policial, los saqueos coordinados a comercios y casas particulares y las pantallas de la TV hegemónica reproduciendo insistentemente las escenas de caos y violencia, hoy se pueden abordar en perspectiva, y aunque cualquier conclusión definitiva es todavía prematura, preguntarse si la Argentina atravesó un conato desestabilizador es cualquier cosa menos descabellado. 

La experimentada periodista Stella Calloni, cuya investigación sobre el Plan Cóndor (Los años del Lobo: Operación Cóndor, 1999) arrojó luz sobre la coordinación represiva ilegal de las agencias de Inteligencia de las últimas dictaduras que llevaron a cabo el mayor genocidio continental

del Siglo XX con apoyatura de la CIA, tiene más certezas que dudas sobre lo ocurrido. Para ella se desplegaron técnicas de contrainsurgencia, con las policías y los grupos delincuenciales que les responden ejecutando en el territorio “vandalismo golpista” y “caos antidemocrático”. Lo interesante es que Calloni respalda su hipótesis en sucesos parecidos registrados en Bolivia, Ecuador, Honduras y Paraguay, donde se pudo documentar la responsabilidad en las acciones sediciosas de agencias estadounidenses y misteriosas fundaciones que estas suelen usar de pantalla en la región contra gobiernos que no son del agrado del Departamento de Estado. Lo que sigue es una entrevista radial, en el marco del programa Damas y Caballero, que se emitió durante todo 2013 en Radio Madres (AM530). Es de mediados de diciembre, luego de los festejos en la Plaza de Mayo y el discurso de Cristina Kirchner por los 30 años de democracia, pero resulta sumamente actual. Sobre la protagonista de este reportaje, nada menos que Fidel Castro, dejó por escrito: “Stella es, inobjetablemente, una reconocida especialista de la comunicación; desentraña los objetivos de la guerra mediática como parte de la contrainsurgencia, la invasión silenciosa y la desinformación convertida en arma de guerra. Su testimonio es magisterio incuestionable para los entendidos y estudiantes de esa materia.”

–Hay dos periodistas, Julio Ferrer y Héctor Bernardo, que publicaron recientemente un largo reportaje biográfico sobre tu vida (“Stella Calloni. Íntima, una cronista de la historia”, Peña Lillo, Ediciones Continente), que lleva un prólogo de Fidel Castro. Generalmente, somos los periodistas los que escribimos sobre el líder de la Revolución Cubana. En este caso, es él quien escribe sobre vos. ¿Cómo recibiste esas palabras, por lo demás, tan elogiosas de su parte?

-¡Casi me muero! Casi me caigo de espaldas cuando me entero. Porque estos fueron unos jóvenes que me hicieron una entrevista muy larga y le pidieron un prólogo al Comandante. Entonces, de repente, recibo yo un prólogo hecho por Fidel, con la firma de él, lo tengo en casa… Creo que es la persona que más respeto en el mundo, es gloriosa figura, una figura extraordinaria.

–Y aparte, mira que vos tenés una vara para medir personalidades, también te has entrevistado con Hugo Chávez y has sido amiga de él…

–A Chávez se lo extraña enormemente, nos hace una falta enorme, no sólo a Venezuela, sino a toda América Latina le hace falta ese volcán, así, siempre ardiendo…
– El volcán ardiendo, que linda figura… Es verdad eso, sin Chávez América Latina entró en un proceso más lento de integración ¿no?
–¡Claro! Porque el tenía esa cosa de la inmediatez, de la rapidez de actuar. Tenía una capacidad de mover rápidamente las cosas ¿viste?, estaba pasando algo en un lugar, de inmediato él se desplazaba, y lo mejor que hizo fue enseñarnos como uno puede desafiar las burocracias. El quería alfabetizar, y bueno, para alfabetizar, ¿qué tenía que hacer? Algo distinto, poner una misión, porque con un Estado burocrático, terriblemente burocrático que había heredado,  que estaba puesto para otra cosa, no se pensaba en educación popular ni en nada, entonces, creó las misiones. Hizo lo mismo con la salud, con las misiones “Barrio adentro”.
–Creó un Estado en paralelo al propio Estado que había recibido.
–Un Estado paralelo. Era imposible con una estructura burocrática mover estas cosas que eran de acción rápida, vos no podías dejar de desplazarte rápidamente, porque era importantísima la recuperación de una gran parte de la población que estaba en la ignorancia ¿no?, o que estaba sin salud. Mirá en los barrios… Yo subí a los barrios de Caracas. La diferencia en un barrio de un período a otro, de esos barrios colgados ahí en las montañas que decoran Venezuela y que los ricos sauditas ven desde sus rascacielos. Ese barrio, digo yo, que es un cielo de estrellas en la noche porque miras y se parte el cielo, este… con los médicos cubanos fue un cambio total. Por primera vez tuvieron salud. Fue maravilloso. Hay que caminar entre los pueblos para ver los cambios, sino, uno puede hablar teóricamente, estadísticamente, pero una cosa distinta es ver el cambio que se produce, verlo con tus propios ojos, es una cosa como ver nacer, como ver un parto, permanentemente ver el parto de los pueblos, como yo digo.
–Claro, poder verlo, que no te la cuenten otros.
–Que no te la cuenten, que no te la cuenten, que no te la cuenten mal, sobre todo.
–Estuve leyendo una respuesta tuya a Pablo Semán, a través de la Agencia Paco Urondo (APU), donde das una visión muy original sobre lo que fueron los últimos saqueos y el autoacuertalamiento policial. Decís que es falso que esto sea parte del conflicto social y hablás del fenómeno de la contrainsurgencia motorizada por el imperio.
–Claro, hablar de esto que ocurrió como un conflicto social es impropio, es falso desde todo punto de vista. Esto es la típica contrainsurgencia, yo estudio desde hace años la contrainsurgencia…
–Mencionás los “golpes suaves”. ¿De qué se trata?  

–Son las formas ilegales, la forma de shock, las formas de crear caos, es decir, han hecho de todo a lo largo de todos los años que hemos vivido dependiendo de este imperio, que es un imperio. No hay que tenerle miedo a las palabras. Imperio es imperio, el que manda no por la razón sino por la fuerza, eso es un imperio, y estamos así, y nosotros cada vez que nos movemos en el sentido de nuestros pueblos, la CIA nos cae encima. En la intervención que hicieron en Ecuador estuvo clarísimo, ¿por qué? Porque se resquebrajó un poco alguna relación de Estados Unidos con los ejércitos porque, como decía el general Manuel Contreras, de la policía política del Chile del dictador Pinochet, la famosa DINA, dijo: “Ah sí, ahora nos dicen a nosotros y nosotros vamos presos, ¿pero los que nos dieron las órdenes? La CIA nos ordenó que hiciéramos esto y nosotros estábamos dependiendo de ellos.” Lo dijo clarísimo, dijo bueno, intervinieron tales grupos, los fascistas italianos, las organizaciones, la triple A… Todos estos grupos ilegales que había por el mundo se adosaron a las fuerzas militares de seguridad en esos momentos para hacer lo que fue, por ejemplo la Operación Cóndor y la Operación Colombo.

–Hay un detalle de Chile que a mí me impactó mucho, que es cuando el propietario del diario El Mercurio, el Clarín de Chile, confesó que recibían dinero de la CIA para fomentar el descontrol previo y el golpe posterior contra Salvador Allende…

–Sí, lo reconoció, y en este momento se le pidió un nuevo juicio, de parte de los familiares de la Operación Colombo, trágica situación que se dio, donde todo fue inventado por los medios, es decir que se habían matado a sus familiares en Argentina cuando estaban desaparecidos en Chile, y lo inventaron en los medios, y El Mercurio tenía la orden de reproducirlo, la Tercera, la Segunda… Todos los que estuvieron en esta operación tuvieron que pagar una indemnización, y los periodistas que intervinieron a sabiendas en esta mentira, en Chile, están echados del Colegio de Periodistas y no pueden ejercer su profesión durante mucho tiempo. ¿Que nos pasó a nosotros? Acá, con la sedición policial, se reprodujo lo que se hizo en Ecuador en 2009, que fue un golpe policial contra Correa. Es interesante saber, por ejemplo, que han hecho una escuela de policía en El Salvador, es una especie de Escuela de las Américas policial.

–¿Cómo es eso?

–El imperio ha establecido en El Salvador una escuela de policía, que hace poco acá se armó todo una discusión porque Mauricio Macri estaba mandando a entrenar allí a la Metropolitana, y ese es un entrenamiento típico de contrainsurgencia contra la población porque ellos determinaron que más contacto con la población te da la policía que el Ejército, y que pueden crear cualquier tipo de conflicto muy rápidamente. Tienen comunicación con la delincuencia, tienen cómo manejar a los elementos lúmpenes…

–Bueno, en nuestros países las policías tienen el control territorial…

–Un control territorial de los elementos que podés manejar en una situación así de descontrol, entonces cuando pasa esto que pasó acá, ninguna oposición puede aprovecharse de la situación, porque se maneja contra cualquiera que le moleste al poder hegemónico, y lamentablemente hay sectores de izquierda que dicen “sí, porque el hambre…” ¡No! No pueden aprovechar esto, es imposible que se presten a aprovechar estas cosas, como se hizo con Evo Morales en Bolivia, donde primero se había planteado la rebelión policial, que después se descubrió que tenían dinero y que se comunicaban con la embajada de Estados Unidos. Eso está establecido, totalmente documentado en Bolivia, y le quisieron hacer ese golpe a Evo en el mismo momento que le hicieron el golpe a Lugo en Paraguay. Entonces, por favor, hay que ser muy responsables, porque se trata de la población. La población quedó en la indefensión total, cuando es evidente que ya estaban preparadas las motos, vos te das cuenta que salían las motos, que rompían las vidrieras… ¿De dónde salieron? ¿De dónde salió todo ese aparato? Alguien dijo “yo les dejo territorio liberado y actúen inmediatamente”. Parecía que estaba tan coordinado que no pasaron unos minutos de saber que estaban acuartelados los policías, cuando ya estaban las motos en la calle. Eso lo vi en Concordia. Lo vi porque lo estuve siguiendo esa noche; y entonces algunos tratan de aprovechar para golpear al gobierno. Nosotros tenemos que defender la democracia, siempre. Podés estar en contra del gobierno, y podés decir que hay bolsones de miseria todavía y es una cosa para largo tiempo, que no se soluciona en diez años, todos lo sabemos muy bien. Pero acá no sólo robaban, y robaban sobre todo plasmas, como se denunció claramente, sino que quemaban o destruían los lugares, ¡quemaban!, esto es vandalismo golpista, ya la palabra destituyente me quedó chica, esto es vandalismo golpista. Indujeron a la violencia, violencia que termina pagando el pueblo.

–En su discurso del 10 de diciembre, por los festejos de los 30 años de democracia, la presidenta habló de hechos coordinados y que no hubo efecto contagio. ¿La escuchaste? ¿Qué te pareció?

–Muy bien, sí, me pareció excelente su discurso, puso las cosas en su lugar. También habló de la necesidad de una reinserción policial. ¿Por qué a la policía todavía la culpan de ser la policía de Camps? ¿Cómo cambiás esa mentalidad? ¿Vos sabés que hay muchos policías que están fuera del país, que son testigos protegidos, porque han intentado denunciar corrupción o cosas parecidas y han tenido que irse? La policía es necesaria, obviamente. ¿Pero cómo vamos a hacer para que esa policía responda a las necesidades democráticas? Para que el pueblo no le tenga miedo a la policía. A mi me parece perfecto que no hayan bajado esta fiesta de los diez años de la democracia, porque ese era un mensaje también. Ellos dieron un mensaje de horror, nosotros teníamos que dar un mensaje de fuerza, entonces, no nos quedemos en esa discusión. Hay que discutir lo que dijo la presidenta. Por primera vez se dijo: “Esto es una extorsión, los que tienen armas en la mano las tienen para defender a la población, no para atacarla”, y yo creo que en la base de ese discurso hay un debate que nos merecemos a nivel social.

–Ahora, también existe la fuerte sospecha de que acá han operado organismos y agencias internacionales con técnicas específicas para azuzar el caos antidemocrático. ¿Tendremos que esperar 30 años para que esto se vea reflejado en los archivos desclasificados del Departamento de Estado?

–Cuando vos seguís estas cosas, como son tan intrincadas, suponen que uno es un conspirativo porque denuncia conspiraciones, y yo no lo acepto, por supuesto: a mí no me van a achicar porque me digan conspirativa. Yo los miro, los escucho y sigo con mis cosas, porque a la larga se demuestran que son ciertas. Cuando yo fui a hablar por la Operación Cóndor decían que estaba loca. Ahora todo el mundo quiere saber. Bueno, así son las cosas, tú sabes que yo soy “al pan, pan y al vino, vino”. Yo denuncié a la Fundación Unoamérica como desestabilizadora en la región, que nace en diciembre de 2008, en Colombia, y reúne a lo más granado de la peor policía, del peor ejército, lo más recalcitrante, y a todos los grupos militares de las pasadas dictaduras. ¿Qué se proponían combatir ellos? Fijate, una organización que podía actuar supranacionalmente, y es tan claro que han sido partícipes, y esto nunca se estudió mucho, por ejemplo, de lo ocurrido en Honduras con Zelaya. Yo denunciaba esto porque ellos decían que había que trabajar para desestabilizar “a los gobiernos del Foro de San Pablo”, que es como definen a nuestros gobiernos democráticos…

–El Foro de San Pablo, que es el punto de encuentro de las izquierdas latinoamericanas, postcaída del Muro de Berlín.

–Exactamente. Entonces, fíjate que viven con la mentalidad de la Guerra Fría, pero no lo dicen así. En Honduras ellos trabajaron dentro del ejército, las fuerzas de seguridad, las fuerzas policiales, para que hostigaran a estos gobiernos convenciéndolos de que “estos gobiernos querían deshacer los ejércitos”, “que estos gobiernos querían desarmar a la policía”, y los militares hondureños, cuando fueron a explicar ante Estados Unidos por qué habían dado el golpe en Honduras, dijeron eso, que había sido defensivo, que era un “golpe bueno”, que sólo buscaba proteger a las fuerzas armadas y de seguridad frente al gobierno de Zelaya.

–Sí, como si fuera un golpe chiquito, no al estilo de los ’70…

–Con el secuestro del presidente constitucional dijeron eso, que se alzaron porque sus sueldos eran malos, que ellos tenían esos problemas, porque estos gobiernos “del Foro de San Pablo” no entendían a los ejércitos, ni a los policías. Y el presidente de la Fundación Unomérica, Alejandro Peña Esclusa, que estuvo, lamentablemente, acá en la Legislatura invitado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que fue preso en Venezuela por intentar un magnicidio, recibió el premio de los golpistas hondureños. Un premio y un agradecimiento por la colaboración prestada. Peña Esclusa no es militar, es un operador civil. Conozcan UnoAmérica y se van a dar cuenta que es muy peligrosa esta actividad. A mí me llamó la atención cuando surgió la rebelión de la Gendarmería Nacional y Prefectura acá.

–La gran revuelta por un reclamo salarial, de hace más de un año.

–Pero esto es durísimo, porque esto es un control territorial, y lo están demostrando. Yo creo que quieren terminar como en 2001. Pero nosotros no podemos seguir presionados de esta manera, una sociedad que queda a la deriva frente a estos grupos. Más las agencias privadas de seguridad que nosotros tenemos que controlar en cada uno de nuestros territorios. No pueden estar los ejércitos privados armados. Son cosas muy graves, pero hay que decirlas, hay que atreverse a decirlas, porque si no siempre estamos escondiendo algunas cosas a las que tenemos que hacer frente, para saber cómo conservamos estos procesos democratizadores que tanto nos han costado… Un genocidio en el siglo XX nos costó, un genocidio en América Latina en el siglo XX, si vos reunís todos los números y las cifras de los que murieron por la violencia, por las luchas para liberarse de dictaduras, es así, es un genocidio continental.

–Esto que charlamos, ocurre, está ocurriendo ahora…

–Está ocurriendo ahora, y esto ha ocurrido en otros lugares, y seguirá ocurriendo porque como pueblos nos hemos atrevido a hablar de emancipación, de una integración emancipadora. Nos hemos atrevido a decir que ya es hora de independizarnos, y nos hemos atrevido a plantarnos cuando hay un proceso de expansión neocolonial, que lo vemos en el mundo, donde hay guerras coloniales, como si no estuviéramos en el siglo XXI.

–Tal vez el dato político de estas jornadas es que si bien vivimos una situación crítica, esta vez la gente no tuvo miedo. Frente al desborde y el caos de la sedición policial, llenó la Plaza de Mayo en paz para defender el sistema democrático, ¿no?

–Desbordó la Plaza de Mayo y aparte de eso, la oposición también entendió que el silencio era complicidad.

–Es verdad, superando las primeras vacilaciones, los bloques parlamentarios hicieron una declaración, pero también es interesante ver cómo los medios hegemónicos invisivilizaron esa misma declaración.

–Totalmente, totalmente…

–Y te mostraban 25 veces el saqueo.

–También invisivilizaban cómo se había podido manejar mucho más la situación en Santa Fe, donde el gobernador Bonfatti no tuvo ningún problema en venir y reunirse con el gobierno nacional y expresar la situación en que está su provincia. Yo creo que lo que vos decís es importantísimo, eso de no tener miedo ¿Sabés a qué me hizo acordar la movilización? A la Semana Santa del ’87.

–”Si se atreven les quemamos los cuarteles”, recuerdo que se cantaba eso contra el levantamiento carapintada del ’87, la Plaza también se había llenado.

–Pero imagináte, la situación no es idéntica. Un policía en Tucumán, un tal Herrera, dijo: “Bueno, nosotros tenemos que asumir la responsabilidad que nos cabe en todo lo que pasó aquí”, uno de ellos. Hay que debatir con mucha seriedad, con mucho respeto por los otros, que eso está faltando mucho, en nuestro ambiente se falta mucho el respeto, incluso para debatir con la propia policía, para explicarle a muchos policías nuevos que tienen las puertas abiertas a la democracia. Tenemos que ubicar los focos donde está el principio, el huevo de la serpiente, como diría alguien.

–Sí, quizá haga falta hacerles ver que los procesos de democratización de las Fuerzas Armadas no terminaron con las Fuerzas Armadas. Están ahí.

–Están ahí, y se están fortaleciendo, y son más útiles, y la población las ve participando en momentos difíciles, con lo cual vuelve a recuperarse el respeto que alguna vez tuvieron del pueblo. Hay que recuperar al policía del postre vigilante. Le decían así porque la gente salía y le daba un poquito de queso y dulce al policía que estaba en la puerta, y entonces toda esta cosa que había, el policía del barrio. Todo esto tenemos que recuperar mucho, tenemos que recuperarnos nosotros como sociedad, descolonizar la cultura, descolonizar los medios de comunicación, y ser muy fuertes frente al periodismo mentiroso. No se puede tolerar que les den premios a periodistas que mienten descaradamente, porque entonces le estamos dando una mala señal al periodista joven, que tiene que saber que la verdad es la única militancia que tiene que hacer.

 

Una vida de libro

Casi en simultáneo con la entrevista, salió a las librerías Stella Calloni. Intima, la cronista de la historia, de Julio Ferrer y Héctor Bernardo. Es el libro prologado por Fidel Castro, que se declara admirador de la periodista. Es una extensa charla con la protagonista, que aborda su vida casi de manera cronológica y los hitos de su carrera, entre ellos, sus encuentros con el propio Fidel, Chávez, Evo Morales, Omar Torrijos, James Carter, Yaser Arafat, Lula Da Silva, Muamar Khadafi, Salvador Allende, Felipe González y Daniel Ortega, todo bien regado de fotografías únicas de su archivo personal. Calloni es, quizá, la periodista latinoamericana que más jefes de Estado entrevistó y la más premiada de su generación. Buena parte de su labor la desarrolló en México, donde llegó exiliada de la dictadura argentina. Mencionarla en el DF, en Nicaragua, El Salvador o Cuba, es hablar de una maestra del periodismo con mayúsculas. Lo mismo ocurre en Argentina dentro del circuito de colegas que la reverenciamos, aunque los medios hegemónicos se hayan encargado de ocultarla a ella y a sus investigaciones, que tienen carácter histórico.

From → Cuba, EEUU, Miami, Politics

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