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Yadira Escobar: una cubanoamericana en La Habana

November 26, 2013

YADIRA ESCOBAR – Hace unos 20 años salí desde la Habana para Miami, y me topé con una cultura que combinada con la de mis padres y las influencias de la comunidad emigrada, hicieron de mí una cubanamericana.

   Hace unos días regresé a esa ciudad que me vio partir en 1994. Muy pocas memorias tenia de la capital de todos los cubanos, pero las que conservo son de un gran contenido emocional, y me permitieron conectar con esa realidad que tanto debate genera en Miami.
   Caminé bastante (millas y millas con ampollas y todo), anduve sin teléfono móvil, (una comodidad que muchos habaneros ya gozan), y me trasladé en esos automóviles antiguos y sin aire acondicionado donde se pueden oír todo tipo de cosas dichas por el cubano de a pie.
   La Habana me pareció fantástica, entretenida y llena de cubanía. La gente se queja de muchas cosas en total libertad, pero sigue siendo muy patriota. Se nota que el habanero se sigue esforzando por andar muy bien vestido.
   Anduve sin mapa, esperando toparme con lo inesperado en ese gran laberinto de edificios de varios pisos y paredes despintadas, y caminé por esas calles donde la vida cotidiana está llena de retos de todo tipo.
   La mayoría de los cubanos hoy tiene un techo propio, y esa pesadilla de los alquileres que quita el sueño a tanta gente en los Estados Unidos no la sufren desde hace décadas, pero tienen que día a día buscar los recursos necesarios para vestir y comer, cosa no fácil en un país no industrializado, y con una población donde hay más personas mayores de 60 años que menores de 14 años.
    Cuba es un país que enfrenta una gran carga social de personas mayores, al mismo tiempo que mucha gente productiva emigra. El embargo norteamericano y el bloqueo de herramientas financieras como paypal y tarjetas de crédito individuales, hace muchísimo daño a la sociedad civil que espera por tiempos mejores poniendo su confianza en las reformas actuales en la Isla.
   Caminando por el malecón con mi hermano Aaron, nos cogió la noche y en medio de una llovizna molesta mezclada con el salitre de las olas gigantes que se rompían casi sobre nosotros, terminamos mojados y tacaños, porque nos negamos a pagar los 10 cuc que los taxistas nos pedían para llevarnos.
   No quería yo andar como una turista superficial visitando lugares bonitos, quería moverme con poco dinero y sin auto alquilado, quería palpar la Cuba real.
   El problema del transporte todavía es serio, y lo pude experimentar en carne propia, también falta bastante civismo y moralidad en algunas personas, como ese señor que al verme entrar mojada y despeinada a la tiendecita esa noche lluviosa, me dijo que no podía estar allí, y que si quería algo que lo comprara y saliera inmediatamente, pues le estaba mojando el piso. Todo me lo dijo de forma grosera, y eso de que “el cliente siempre tiene la razón”, me pareció algo muy utópico en ese encuentro tan desagradable.
   Mi aventura no era superficial, estaba tratando de entender a mis compatriotas, y vi que muchos de los problemas tienen fácil solución desde posiciones de humanismo.
   Tenemos que ser amables y decentes en el trato con los demás, y esto forma parte importante de la política real que nos llevara a una Cuba mejor. Esperar todo del Estado, reclamar derechos y quejarse continuamente puede convertirse en un vicio estéril, mientras se descuida la responsabilidad personal y la acción individual en las relaciones interpersonales del día a día.
   Mi impresión general de la Habana es muy buena, no vi la miseria espantosa que la propaganda de la televisión de Miami repite sin cesar. Hay gente pobre como en todas partes, calles sucias y algunos buscavidas en las esquinas de la Habana Vieja, pero también vi niños felices, gente joven con ilusiones, y ancianos cuidados que llegan a unas edades impensables en el resto de américa.
   Sigo pensando que Cuba será una gran nación.
tomado del sitio digital yadiraescobar.com
 Yadira Escobar – joven cubanoamericana residente en Miami, nacida en la provincia de Camagüey, Cuba, en 1988, y que emigró junto a su familia a Estados Unidos con solo seis años de edad.
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